(Aviso ya que la entrada va a ser larga y de carácter técnico, así que quien no guste de estas cosas puede irse a hacer algo interesante, por ejemplo merendar.)
Aún ahora, cuando empiezo a escribir esta entrada, sudores fríos recorren mi espalda. No podré olvidar esto fácilmente, pero hay que ser valiente.Tengo que contarlo. Una imagen (en este caso, seis) vale más que mil palabras:

Sí. Esa cosa que aparece en las fotos es mi Canon 7D en la mesa del quirófano. Una operación a vida o muerte. Tensión a flor de piel.
Afortunadamente, la inapreciable intervención de un virtuoso aún poco reconocido del destornillador de estrella resolvió la situación con una solvencia admirable. No es coña. Hay que tener todo bien puesto para meterse en estos fregados. Al doctor Carcamalillo no le tembló el pulso.
Gracias, artista.




